Los discursos de la Ciencia en la esfera pública en el s.XXI - Tarea 2
Los discursos de la Ciencia en la esfera pública en el s.XXI - Tarea 2
Instrucciones
Como actividad, os dejo un trabajo estándar en investigación en comunicación realizado por el Digilab, un grupo de investigación de Blanquerna / Universidad Ramon Llull para conocer cómo se consumió la información durante el confinamiento por el coronavirus.
Me interesa especialmente que os fijéis en las preguntas que lanzaron los investigadores del Digilab. Fue un estudio exploratorio de recepción y que tiene un gran interés por el contexto en el que se lanzaron las preguntas.
Mi pregunta es, ¿qué opinión os merecen las preguntas sobre los canales por los que se informaban y cómo se midió la confianza en las fuentes y en los canales de información?
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La pandemia del coronavirus fue
también la de la desinformación. Ésta se extendió contaminando todos los
ámbitos de la crisis del Covid-19: su origen, la prevención, las vacunas, las medidas
adoptadas por el Gobierno… el miedo y la desconfianza se hicieron tan virales como el
propio virus.
De ahí la relevancia de este
estudio llevado a cabo por Digilab (El consumo de información durante el confinamiento por el
coronavirus: medios, desinformación y memes), durante la primera semana de abril, es
decir, en pleno confinamiento total y en el seno de una sociedad cuando menos desorientada,
que reaccionó aumentando el consumo de noticias y el modo de consumirlas.
Cambio de hábitos
y cobertura informativa
La primera parte de la encuesta aborda cuestiones relativas el cambio de hábito en el consumo de medios y propone la siguiente clasificación de estos últimos (junto con “no sé” y “prefiero no contestar”):
Es una clasificación demasiado escueta y algo confusa puesto que parece mezclar los conceptos "medios" y "canales" y que por ello puede dificultar la comprensión del estudio de Digilab, limitar su alcance y derivar en ciertas inexactitudes.
Quizás, se hubiera podido plantear una relación diferente de medios de información que, por ejemplo, incluyese el término genérico “Internet”, para posteriormente desglosarlo en sus distintos canales (periódicos digitales, redes sociales y servicios de mensajería), e incluso añadir otros como blogs, webs de medios oficiales o radios y televisiones digitales. También hubiera sido recomendable descartar el medio “otros programas de televisión” e incluirlo en todo caso como un canal más, dentro del concepto “Televisión” e incluir otros medios como revistas de divulgación y libros.
La clasificación, más precisa y completa, de los medios de información hubiese quedado de la siguiente manera:
Por otra parte, el estudio no permite esclarecer si ha habido o no realmente un cambio de hábito en el consumo de los canales de información durante la pandemia. De acuerdo con los resultados, tras la televisión y los medios digitales, las redes sociales y las aplicaciones de mensajería fueron la tercera vía de acceso a la información durante la pandemia. No obstante, el estudio no detalla la situación de partida, es decir, qué medios y canales se consumían mayoritariamente antes del Covid-19 y, por lo tanto, no permite entender si el coronavirus cambió el modo de informarnos.
Asimismo, al tratar la cuestión de la cobertura informativa acerca del coronavirus de los distintos medios, se hace de manera general, lo cual puede acarrear ciertas imprecisiones. De hecho, en esta parte del estudio se indica que, la mayor parte de la ciudadanía, un 29%, tiene una opinión neutra sobre la calidad de la cobertura realizada por los medios y que casi la mitad de los encuestados, un 44,6%, considera que la cobertura sobre el coronavirus es sensacionalista y genera alarma social innecesariamente. Sin embargo, tanto la calidad de la cobertura como el grado de “amarillismo” de los distintos medios y sus canales es demasiado variable entre estos como para abordar este tema en su conjunto, sin hacer referencia a las fuentes que emplean. No son lo mismo la web o la cuenta en una red social de un organismo oficial y la de un “pseudocientífico”; como tampoco lo son un periódico con una línea editorial determinada y una revista científica de divulgación, por poner algunos ejemplos.
Grado de confianza en los medios
La limitación terminológica anteriormente planteada también se pone de manifiesto al
tratar el tema de la confianza en los medios y en las fuentes de información.
Esta parte del estudio parece responder más al grado de confianza en determinados
canales de televisión y periódicos escritos y digitales que en los medios
de información en su conjunto.
Asimismo, en el gráfico circular sobre el grado de confianza en las fuentes, se incluye a “los medios de comunicación” como una opción más, pero estos, o los canales que emplean, no son sino herramientas para acceder a las fuentes, por lo que carece de sentido incluirlas en esta cuestión.
En conclusión, el estudio de Digilab está bien
planteado y lo hace en un momento especialmente relevante para el objeto de
este (durante el confinamiento total), pero la terminología que emplea puede
dificultar su comprensión y acarrear ciertas imprecisiones.


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